Las montañas que rodean Cusco conforman un territorio de enorme relevancia geográfica y cultural. Estas formaciones, que en muchos casos superan los 5,000 y 6,000 metros de altitud, fueron vistas por las sociedades andinas como parte esencial del orden natural y social. Su presencia definió rutas de tránsito, rituales agrícolas, sistemas hídricos y la organización territorial del antiguo Tahuantinsuyo. En ellas se originan ríos, se forman lagunas glaciales y se modelan valles que permiten la vida humana en altitudes extremas.
Hoy en día, estas montañas siguen siendo claves para comprender la interacción entre clima, ecosistemas altoandinos y prácticas tradicionales. Además de su valor paisajístico, constituyen entornos donde la biodiversidad ha desarrollado adaptaciones únicas y donde las comunidades mantienen conocimientos ancestrales relacionados con el pastoreo, el tejido, el manejo del agua y la predicción climática.
