Cuando por fin pogas la vista en Arequipa, la ciudad blanca, es ineludible visitar el Monasterio de Santa Catalina. Desde la Plaza de Armas, a unas poco calles de distancia, este monasterio del siglo XVI considerado un completo conjunto religioso, es considerado una joya arquitectónica del Perú y, a su vez, de las más grandes de América. Lo llaman “una ciudad dentro de otra ciudad” porque posee más de 20.000 metros cuadrados con calles angostas, patios pintorescos, capillas, jardines, y viejas celdas que parecen detener el tiempo.
Fundado en 1579, el Monasterio de Santa Catalina se mantiene como un hogar de claustro que es hogar de unas pocas y elegidas monjas dominicas que continúan con sus tradiciones, y por lo tanto con su tradición espiritual. Pasar entre sus pasillos es una experiencia sosegada y reflexiva, así como una invitación a distanciarse del ruido contemporáneo para empaparse en la historia colonial de Arequipa.
